domingo, 25 de enero de 2015

Objetivo a la vista.





Doce. Doce de abril es el día y 100 las plazas ofertadas. Quedan once semanas por delante cargadas de temas por estudiar, metas que cumplir y una rutina a seguir a rajatabla. El objetivo es claro: pasar el corte del test sí o sí.

El objetivo básico que me voy a marcar es centrarme en el AHORA. No hay ayer, ni hay mañana. Únicamente existe el tema colocado en el atril que pretendo meter en esta cabezota lenta.

Creo que uno de mis errores es no saber centrarme en lo que justamente estoy haciendo en el momento. Mayor pecado aún es, teniendo en cuenta que justo en ese instante, cuando te concentras sólo y exclusivamente en aquello que estás haciendo, es cuando logras que el trabajo esté bien hecho, al ser fruto de una concentración plena.

Así, a veces, me doy cuenta de que el día no ha sido tan productivo como me había marcado y me comienzo a sentir mal, a autoflagelarme por no ser capaz de cumplir lo que me había propuesto (los objetivos realistas no son mi fuerte jejeje),… Los REMORDIMIENTOS hacen mella.

Otras veces, me imagino a mi misma teniendo ENSOÑACIONES con plannings increíbles, prometiéndome lo genial que lo voy a hacer a partir de ahora, lo fuerte que voy a estudiar y lo satisfecha que me voy a sentir cumpliendo esos objetivos ingentes.

Lo cierto es que en esos momentos (en la fase de los remordimientos por el pasado y en la fase de las ensoñaciones sobre el futuro) estoy perdiendo un tiempo muy valioso para centrarme en lo que importa: el ESTUDIO ACTUAL. De nada sirve lamentarme por no haber podido cumplir lo que me había marcado, únicamente me hace perder un precioso tiempo que podría ocupar en memorizar o en pasármelo bien para coger el estudio con ganas.  De nada sirve tampoco perderme en abstracciones o ilusiones en vez de estudiar, que parezco Antoñita La Fantástica. Resumiendo: AHORA, AHORA y AHORA. No hay más, ni tampoco menos. 

Os dejo aquí dos regalitos, el primero, es un fragmento de Momo que leo en horas bajas, cuando me agobio ante la cantidad de temario y la dificultad de todo el proceso. El segundo, me ha recordado un poco al tema del que os he estado hablando.  

Mucha suerte con la semana ¡Y a disfrutar lo que estéis haciendo! :)


Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso-inspiración-barrida. Paso-inspiración-barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso-inspiración-barrida. 

Después del trabajo, cuando se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos… -Ves, Momo -le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla. 

Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió: -Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. 

Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando: -Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente. 

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir: -Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. 

Después de una nueva y larga interrupción, siguió: - De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento. 

Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final: -Eso es importante”.





Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento.
Marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:

"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
merodeen cantando el pío, pío"

"Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino;
tanto que puede ser que yo consiga
ver como se le arrastra la barriga"

"Llevarélo al mercado:
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña".

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!,
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre tu cantarilla la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro:
mira que ni el presente está seguro.


miércoles, 7 de enero de 2015

Vuelta a la rutina.




Ya han llegado los Reyes y con ellos... ¡La vuelta a la rutina! Vuelta a los horarios decentes de las bibliotecas, vuelta al cante a la hora habitual, vuelta a las jornadas de estudio ininterrumpidas por familiares, vuelta al día libre semanal. Toca decir adiós a las vacaciones: "adiós días libres, me lo he pasado fenomenal y me habéis sido muy útiles para descansar, ahora voy a comerme los Porqueris con todas mis ganas. ¡Au revoir!"


La verdad, no puedo quejarme de las vacaciones… No he hecho nada realmente especial, me he quedado en mi ciudad, pero (dado que una vez que entro en rutina pierdo de vista a veces el placer de disfrutar de las pequeñas cosas) el simple hecho de no tener obligaciones durante unos días ha sido de lo más liberador. He cogido estos días con todas las ganas del mundo ¡¡¡YAHAA!!! Además, los cantes navideños fueron bastante bien con lo cual también empecé las vacaciones sintiendo que realmente me las merecía y me las había ganado (y sin remordimientos, normalmente parece que me persiguen jeje). 


Al final, he acabado madrugando igualmente (el reloj biológico del sueño no ha escapado de vacaciones estos días por desgracia) pero ¡oye! ¡qué gustazo levantarse sin el pitido del despertador!  Como me levantaba prontito, aprovechaba todo el día para hacer cosas que me gustan sin pensar en la opo (leer, perder el tiempo en internet, ver pelis, hacer deporte, pasear, compras, compras y más compras,…) y sobre todo, para quedar con amigos, familia y para compartir todos esos ratitos que, a veces y a causa de la rutina del día a día de estudio, dejo de compartir con la gente que quiero.


Estos días, de repente, sentía que volvía a ser yo, que era capaz de improvisar para tomar un café a cualquier hora, que no me importaba tardar un ratazo en desplazarme para ver a un amigo (aunque fuese únicamente para tomar un café de una hora), que podía tomarme un par de cañas entre semana, que no tenía esa necesidad de estar constantemente mirando el reloj (bueno, el móvil, que reloj no llevo, manías de opositora) y que podía disfrutar de gastar las horas sin tener que decir: “oye, me gustaría quedarme pero mañana tengo que madrugar”. ¡Qué maravilla!


Ahora ya se han terminado, pero estoy muy contenta (a ver si dura mañana jajaja). Tengo ganas de coger el estudio con fuerza y empezar esta nueva ronda con ánimo. Además, no nos engañemos, qué bueno es que las bibliotecas tengan su horario habitual de nuevo (vuelven a abrir por las tardes ¡Toma! ¡Toma!) y poder estudiar sin huir de invitados inesperados y organizar el horario de estudio a nuestro gusto y sin compromisos.


Lo dicho, a comerse los Porqueris, que la convocatoria está al caer y ¡hay que ir a por todas! 


Mucha suerte y mucho ánimo a todos en esta nueva ronda de estudio.