domingo, 1 de marzo de 2015

Esas vocecillas traicioneras.








La cuenta atrás sigue avanzando y según transcurre el tiempo, impasible, siento que cada vez faltan más cosas por hacer. Es una sensación rara. Es justo como en la historia de Beppo el barrendero: avanzo, avanzo, avanzo y sigo avanzando pero el final de la calle cada vez lo veo más lejano. No sé hasta qué punto es real o simplemente una inseguridad psicológica sin fundamento. Creo que es porque me sigo fijando, a pesar de los intentos por evitarlo, en la calle en su conjunto y no en el paso que doy en el momento. Es curioso como repito y caigo siempre en los mismos errores. De todas formas, el otro día decía una compañera que según se acercaba el examen le parecía que cada día sabía menos. Así que me alivia saber que es algo generalizado (ya se sabe, mal de muchos…)

Realmente, creo que empiezo a estar intranquila por la cercanía del examen. Esto lo noto principalmente en  una fórmula que casi siempre cumplo: a mayor nerviosismo, mayor hipersensibilidad. Todo me afecta. Y cuando digo todo es tooooodo. Es como si  estuviese hormonada y no fuese capaz de controlar mis emociones: HIPERSENSIBLE e HIPERSUSCEPTIBLE  sin remedio. Mi alivio habitualmente era el deporte, pero llevo una temporada lesionada sin poder hacer esfuerzos y mi mayor vía de escape se ha ido al garete, así que creo que voy a empezar con la meditación, la relajación, las respiraciones, los baños con velas y chuminadas varias (perdón por la expresión :P). 

Por otro lado me está pasando algo que me parece paradójico. Últimamente tengo unas ganas terribles de dejar todo y salir corriendo. No me malinterpretéis, sigo con la misma vocación de siempre y las mismas ganas de conseguirlo. Racionalmente, no se me pasa por la cabeza a día de hoy dejar la oposición. A pesar de esto, tengo muchísimas ganas de pasar de todo y dedicarme a la contemplación, a procrastinar, a rascarme la barrigota y ¡a VAGUEAR! Sé que no es el mejor momento para tener estas tentaciones, pero lo cierto es que ahí están y contra mis apetencias básicas no puedo luchar. Sólo puedo gestionarlo echándole un buen par para no hacer caso a esa vocecilla interior que me susurra: “huye de aquí, todavía estás a tiempo” “no pasa nada si hoy terminas un poco antes de estudiar” “venga, ¿qué es una hora de estudio comparada con los años que llevas? No vas a suspender por irte de cañas esta tarde”. Siento hasta un poco de vergüenza ahora al verlo aquí escrito. A escaso mes y medio del primer asalto y con ganas de irme de cañas ¿¿en qué m****** estoy pensando?? 






Dándole una vuelta de rosca, y a modo de justificación (que aquí el que no se consuela es porque no quiere…), he pensado que todas estas vocecillas tentadoras no son más que MIEDO. ¿Miedo a qué? a lo que se avecina, a lo que pueda pasar, a volver a tropezarme por el camino, a las caras de decepción al decir en casa que he vuelto a caer, a no cumplir con mis expectativas, a defraudar a los que me quieren (y sobre todo a mi misma), … Y ante tal miedo, mi mente, que es muy cobarde, siente la necesidad imperiosa de susurrarme al oído todas esas maldades. Mi madre, que es muy sabia, cuando digo “¡Ay! ¡la que se avecina!” siempre responde “No te confundas, no se avecina, hace mucho tiempo que empezaste esto, estás en pleno proceso y llevas mucho camino recorrido. Sólo te falta poner la guinda en el pastel.”  Y claro, ante tanta fe por su parte, pues sólo queda una: tirar hacia delante y pegar el culete a la silla, la vista en los apuntes y la mente en los artículos.

El otro día no sé qué pasó, pero todo el mundo se inspiró con frases del tipo: “Si tienes pasión aparece sólo el esfuerzo y la constancia" PUES NO, LECHES, NO APARECE SÓLO. Cuesta (¡¡¡y vaya si cuesta!!!). CUESTA MUCHÍSIMO y no aparece nada por ciencia infusa. Aquí hay que dar el callo todos los días y hay momentos que te apetecería tirarte a la bartola y no hacer nada o que matarías por poder ir a esa escapada de 4 días y dices que no con una sonrisa y sigues con los codos clavados en la mesa. (¿He dicho ya que estoy hipersensible?  jajaja).

Después de esta retahíla de quejas creo que tengo que poner el CONTADOR-DE-LAS-NO-QUEJAS otra vez a cero ;)

Os dejo un regalito, por si alguno de vosotros, de vez en cuando, escucha también esas vocecillas traicioneras:





“Entonces dije a mis compañeros con corazón acongojado:

–Amigos, es preciso que todos –y no sólo uno o dos conozcáis las predicciones que me ha hecho Circe, la divina entre las diosas. Así que os las voy a decir para que, después de conocerlas, perezcamos o consigamos escapar evitando la muerte y el destino.

–Antes que nada me ordenó que evitáramos a las divinas Sirenas y su florido prado. Ordenó que sólo yo escuchara su voz; más atadme con dolorosas ligaduras para que permanezca firme allí, junto al mástil; que sujeten a éste las amarras, y si os suplico o doy órdenes de que me desatéis, apretadme todavía con más cuerdas.

Así es como yo explicaba cada detalle a mis compañeros. 

Entretanto la bien fabricada nave llegó velozmente a la isla de las dos Sirenas –pues la impulsaba próspero viento–. Pero enseguida cesó éste y se hizo una bonanza apacible, pues un dios había calmado el oleaje.
 
Levantáronse mis compañeros para plegar las velas y las pusieron sobre la cóncava nave y, sentándose al remo, blanqueaban el agua con los pulimentados remos. 

Entonces yo partí en trocitos, con el agudo bronce, un gran pan de cera y lo apreté con mis pesadas manos. Enseguida se calentó la cera –pues la oprimían mi gran fuerza y el brillo del soberano Helios Hiperiónida– y la unté por orden en los oídos de todos mis compañeros. Éstos, a su vez, me ataron igual de manos que de pies, firme junto al mástil –sujetaron a éste las amarras– y, sentándose, batían el canoso mar con los remos. […]

Conque, cuando la nave estaba a una distancia en que se oye a un hombre al gritar en nuestra veloz marcha, no se les ocultó a las Sirenas que se acercaba y entonaron su sonoro canto:

–Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuánto sucede sobre la tierra fecunda.

 Así decían lanzando su hermosa voz. Entonces mi corazón deseó escucharlas y ordené a mis compañeros que me soltaran haciéndoles señas con mis cejas, pero ellos se echaron hacia adelante y remaban, y luego se levantaron Perimedes y Euríloco y me ataron con más cuerdas, apretándome todavía más. 

Cuando por fin las habían pasado de largo y ya no se oía más la voz de las Sirenas ni su canto, se quitaron la cera mis fieles compañeros, la que yo había untado en sus oídos, y a mí me soltaron de las amarras.”