domingo, 18 de octubre de 2015

De vuelta.



Bueno, ¡he vuelto! :)  Creo que puedo decir, sin dudas, que he pasado la peor racha opositoril  con diferencia de estos años y creo que he salido fortalecida (así lo espero). Me he tomado este tiempo sólo para mí, para cuidarme, animarme, dedicarme al estudio con paciencia, sin recriminarme, culpabilizarme ni criminalizarme por no hacerlo todo lo bien que me gustaría. Me he dedicado a no hacer nada más que lo que yo creía que me venía bien en ese sentido. He puesto todo mi empeño  en reforzarme y pretendo seguir así. Eso sí, aquí, de vuelta, y con el blog como instrumento de motivación. He tenido muy en cuenta las “regañinas” merecidas del anterior post y este,  es el resultado de la reflexión que ha surgido de vuestros comentarios. Voy a enumerar vuestras ENSEÑANZAS en este post para que no se me olviden y por si a algún compañero también le sirven. Con que le sean la mitad de útiles que a mí, me conformo ;) GRACIAS.


PRIMERA: Soy un ser humano (demasiado a veces); cometo errores, me confundo, me distraigo, no soy siempre productiva, ni siempre estoy concentrada,… Pero eso no significa que no pueda aprobar. Eso no significa que no valga para esto. Tampoco significa que no pueda conseguir mis objetivos. Lo único que significa es que tengo que trabajar mi fuerza de voluntad para hacerlo lo mejor posible. Sin auto-compadecerme ni maltratarme cuando las cosas no me salgan. Sin caer en los extremos de la autoexigencia desmesurada ni de la autocomplacencia inmadura. Con indulgencia pero sin desidia ni resignación. ["No somos máquinas, somos personas humanas. Has de tener paciencia y mimo contigo misma y entender que las cosas necesitan un proceso. La opo es como una relación. Es como si tu novio te es infiel y quieres perdonar y estar bien el primer día. No, cuesta trabajo, paciencia y calma."]


SEGUNDA: El camino a la plaza no es lineal. Hay momentos mejores y momentos peores. Días en que te comes los apuntes y días en que preferirías estar en cualquier otro lugar del mundo haciendo cualquier otra cosa. Rachas en que no tienes ningún problema personal y rachas en que parece que te crecen los enanos. El objetivo  está claro, toca poner un pie delante del otro y después el otro delante y después el otro, y después,... [Lo importante es tener claro sí ser juez es lo que realmente quieres y al haber reafirmado que sí sólo queda hacer un esfuerzo más, que la recompensa realmente merecerá la pena]. [Imprescindible saber: “la suma de esfuerzos es lo que permite llegar al éxito”].






TERCERA: Cuando peor estás es cuando más te necesitas. Este tiempo, no sé por qué, me he imaginado esta imagen millones de veces: imaginad un niño regordete y un poco torpe aprendiendo a montar en bicicleta. Va inseguro, con algo de miedo pero pedaleando lo mejor que puede, a ratos coge confianza y comienza a pedalear un poco más rápido, a ratos viene una curva y baja la velocidad,… Y de repente: ¡ZAS! Una piedra. Pierde el equilibrio. BATACAZO. El niño está lleno de arañazos, magulladuras y un susto en el cuerpo que no se tiene en pie.

Justo en ese momento, aparece alguien y ve al niño tirado en el suelo llorando. Decide que va a ayudarle a aprender a montar y no se le ocurre mejor modo que chillarle: “INUTIL LEVANTA”. El niño sigue lloriqueando “es que no sé hacerlo”. “QUE TE LEVANTES. APRENDE YA. ERES UN TORPE DEBILUCHO” le dice con toda su buena intención. El niño continúa “de verdad, no sé, por favor enséñame”.

Y ni corto ni perezoso el “ayudante” coge al niño y en medio de chillidos y reproches le tira a una piscina (con la bici incluida) y le dice: “Así aprenderás a ser más fuerte.” No contento con eso, retira la escalera para que salga por sus propios medios. Mano dura para aprender piensa. “Seguro que así va a aprender a montar en bici. Más le vale a ese blandengue”.

A lo que voy con esto, es que cuando van “bien” las cosas, cuando todo va saliendo redondo es muy fácil estar animado y motivado para mejorar, con prudencia y sin soberbia, con una buena autoestima. El problema surge cuando se te atraganta aquello que quieres conseguir y estás en horas bajas. Justo entonces, cuando más necesitas de tu propia comprensión, de tu amor propio y de tu apoyo, decides que lo mejor es comenzar con la mano dura, el maltrato, la desconfianza en uno mismo. Y no es sano. No es sano, no, ni tampoco inteligente, porque si estás levantándote de un buen patinazo lo que necesitas es un bastón para levantarte y no una zancadilla que haga que vuelvas a caer [“Es mucho el sacrificio que aquí todos hacemos como para encima martillearnos la cabeza al mismo tiempo”].   

Muchas veces, creo que “el enemigo está dentro” y con mimo, con paciencia, uno se recupera antes y se adapta a la nueva situación.  Favorece su resiliencia. Sin embargo, si aparecemos con un palo y nos asestamos golpes mientras tratamos de levantarnos, lo único que hacemos es entorpecer la recuperación natural, retrasamos el proceso. No sé si os pasará a vosotros también. Parece que cuando las cosas van bien “hemos tenido suerte” pero si las cosas van mal “nos lo merecemos, nos lo hemos ganado a pulso”. No es así. Hay que ser justos con uno mismo en lo bueno y en lo malo.


CUARTA: La perspectiva es importante. No es lo mismo pensar: “qué asco doy, que llevo estudiando más años que el sol y no apruebo ni a tiros y encima después de suspender me dedico a perder el tiempo frente a los apuntes” que “Ole yo, que en pleno verano y después de un duro golpe me sigo esforzando para lograr cumplir mi sueño”. Cambia la visión según las gafas que te pongas. [Estate ORGULLOSA por haber dicho " aqui estoy yo y lucho x lo que quiero".] 


QUINTA: Si puedes hacerlo una vez, puedes repetirlo. Recuperando la fe en pequeñas dosis. [“Pero si un día has estado al 100% y has sacado el máximo partido a las horas, sabes que puedes hacerlo otro día más, y otro y otro... así hasta que acabe”] Yo me he tomado esta enseñanza con plazos más cortos. Al principio, incluso de veinte minutos: “estudia veinte minutos concentrada” me decía y había veces que no lo conseguía pero había otras muchas que sí y esa satisfacción me permitía estar otros veinte minutos más concentrada. Y volvía a repetir la operación. Un solo paso, una sola barrida.
 

Creo que con esto termino. Muchas gracias a todos, por los ánimos y por los consejos. Estoy de vuelta y pretendo continuar escribiendo. Nos leemos (Si queréis, claro).